viernes, 31 de enero de 2020

04. UNA COMPAÑÍA “ADÁN Y EVA” (CONFLICTO Y VALOR) EGW.


Gén 2:18-25.
No es bueno que el hombre esté solo; 
le haré ayuda idónea para él. (Gén. 2:18).
Después de la creación de Adán, toda criatura viviente fue traída ante su presencia para recibir un nombre; 
vio que a cada uno se le había dado una compañera, pero entre todos ellos no había "ayuda idónea para él". 

Entre todas las criaturas que Dios había creado en la tierra, no había ninguna  igual al hombre. 
"Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él" (Gén. 2:18). 

El hombre no fue creado para que viviese en la soledad; había de tener una naturaleza sociable. Sin compañía, 
las bellas escenas y las encantadoras ocupaciones del Edén no hubiesen podido proporcionarle perfecta felicidad.

 Aun la comunión con los ángeles no hubiese podido satisfacer su deseo de simpatía y compañía. 
No existía nadie de la misma naturaleza y forma a quien amar y de quien ser amado.

Dios mismo dio a Adán una compañera. Le proveyó de una "ayuda idónea para él", alguien que realmente le correspondía, 
una persona digna y apropiada para ser su compañera y que podría ser una sola cosa con él en amor y simpatía.

 Eva fue creada de una costilla tomada del costado de Adán; este hecho significa que ella no debía 
dominarle como cabeza, ni tampoco deba ser humillada y hollada bajo sus plantas como un ser
 inferior, sino que más bien debía estar a su lado como su igual, para ser amada y protegida por él. 

Siendo parte del hombre, hueso de sus huesos  carne de su carne, era ella su segundo y yo;  quedaba en evidencia la unión íntima y afectuosa que debía existir en esta relación. "Porque ninguno aborreció jamás a su propia carne, antes la sustenta y regala". "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y allegarse a su mujer, y serán una sola carne" (Efe. 5:29; Gén. 2:24).

Dios celebró la primera boda. De manera que la institución 
del matrimonio tiene como su autor al Creador del Universo.

"Honroso es en todos el matrimonio" (Heb. 13:4). Fue una de las primeras dádivas de Dios al hombre, 
y es una de las dos instituciones que, después de la caída, llevó Adán consigo al salir del paraíso. 

Cuando se reconocen y obedecen los principios divinos en esta materia, el matrimonio es una bendición: salvaguarda la felicidad y la pureza de la raza, satisface las necesidades sociales del hombre y eleva su naturaleza física, intelectual y moral.
 (Patriarcas y Profetas, págs. 26, 27). 15

03. LA OPORTUNIDAD DE ELEGIR “ADÁN Y EVA” (CONFLICTO Y VALOR) EGW.


Gén 2:16, 17.
Más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; 
porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. 
(Gén. 2:17).

Nuestros primeros padres, a pesar de que fueron creados inocentes y santos, no fueron colocados 
fuera del alcance del pecado... Debían gozar de la comunión de Dios y de los santos ángeles; 
pero antes de darles seguridad eterna, era menester que su lealtad se pusiese a prueba. 

En el mismo principio de la existencia del hombre se le puso 
freno al egoísmo, la pasión fatal que motivó la caída de Satanás. 

El árbol del conocimiento, que estaba cerca del árbol de la vida, en el centro del huerto, había de probar la obediencia, la fe y el amor de nuestros primeros padres. Aunque se les permitía comer libremente del fruto de todo otro árbol del huerto, se les prohibía comer de éste, so pena de muerte. También iban a estar expuestos a las tentaciones de Satanás; pero si soportaban con éxito la prueba, serían colocados finalmente fuera del alcance de su poder, para gozar del perpetuo favor de Dios...

Dios pudo haber creado al hombre incapaz de violar su ley; pudo haber detenido la mano de Adán para que no tocara el fruto prohibido, pero en ese caso el hombre hubiese sido, no un ente moral libre sino un mero autómata. Sin libre albedrío, su obediencia no habría sido voluntaria, sino forzada. No habría sido posible el desarrollo de su carácter. . . 

Hubiese sido indigno del hombre como ser inteligente, y hubiese dado
base a las acusaciones de Satanás, de que el gobierno de Dios era arbitrario.

Dios hizo al hombre recto; le dio nobles rasgos de carácter, sin inclinación 
hacia lo malo. Le dotó de elevadas cualidades intelectuales, y le presentó 
los más fuertes atractivos posibles para inducirle a ser constante en su lealtad. 

La obediencia, perfecta y perpetua, era la condición para la felicidad 
eterna. Cumpliendo esta condición, tendría acceso al árbol de la vida...

Mientras permaneciesen fieles a la divina ley, su capacidad de saber, gozar y amar aumentarla continuamente. Constantemente obtendrían nuevos tesoros de sabiduría, descubriendo frescos manantiales de felicidad, 
y obteniendo un concepto cada vez más claro del inconmensurable e infalible amor de Dios. 
(Patriarcas y Profetas, págs. 29-31, 33). 14

02. EL EDÉN “ADÁN Y EVA” (CONFLICTO Y VALOR) EGW.


Gén. 2:8-15.
Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto
 del Edén, para que lo labrara y lo guardase. (Gén. 2:15).

Aunque todo lo que hizo Dios tenía la perfección de la belleza, y nada que contribuyese a la felicidad de Adán
 y Eva parecía faltar, sin embargo manifestó su gran amor plantando un huerto especialmente para ellos. 

Parte de su tiempo estaría ocupado en la hermosa tarea de labrarlo, y otra parte en recibir 
la visita de los ángeles, escuchar sus instrucciones, y meditar gozosamente. Su ocupación 
no era cansadora, sino agradable y vigorizadora. Ese hermoso huerto sería su hogar.

En ese huerto el Señor puso árboles de toda variedad, útiles y hermosos. Los había cargados de fragantes y deliciosas frutas, hermosas a la vista y agradables al gusto, puestas por Dios para que sirvieran de alimento a la santa pareja. 

Estaban las hermosas vides que crecían rectas, con sus sarmientos inclinados bajo el 
peso de la fruta, que en nada se parecían a lo que el hombre ha visto desde el diluvio. 

Los frutos eran muy grandes y de diferentes colores; algunos 
casi negros, otros púrpura, rojos, rosados y verde claro. 

Las hermosas y abundantes frutas que había en los sarmientos de las vides se llamaban uvas. No se 
arrastraban por el suelo, a pesar de no estar sostenidas por enrejados, pero el peso de la fruta las hacía inclinar.

 Era el placentero trabajo de Adán y Eva formar cenadores con los sarmientos de esas vides, y prepararlas, 
formando moradas naturales con los hermosos árboles vivos cubiertos de follaje y fragantes frutos. 
(The Story of Redemption, págs. 21, 22).

Dios quería que el hombre hallase felicidad en su ocupación: el cuidado de las cosas que había 
creado, y que sus necesidades fuesen suplidas por los frutos de los árboles que había en el huerto.
 (El Hogar Adventista, pág. 23).

Si la dicha hubiese consistido en estarse sin hacer nada, el hombre, en su estado de inocencia, habría sido dejado sin ocupación. Pero el que creó al hombre sabía qué le convenía para ser feliz; tan pronto como lo creó le asignó su trabajo. La promesa de la gloria futura y el decreto de que el hombre debe trabajar para obtener su pan cotidiano provinieron del mismo trono (Ibid.). 13

01. A IMAGEN DE DIOS “ADÁN Y EVA” (CONFLICTO Y VALOR) EGW.


Gén. 1:26-31.
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de
 Dios lo creó; varón y hembra los creó. (Gén. 1:27).

Una vez creada la tierra con su abundante vida vegetal animal, fue introducido en el escenario el hombre, corona de 
la creación para quien la hermosa tierra había sido aparejada. A él se le dio dominio sobre todo lo que sus ojos pudiesen mirar...

Dios creó al hombre conforme a su propia imagen. No hay en esto misterio. No existe fundamento alguno para la suposición de que el hombre llegó a existir mediante un lento proceso evolutivo de las formas bajas de la vida animal 
o vegetal. Tales enseñanzas rebajan la obra sublime del Creador al nivel de las mezquinas y terrenales concepciones humanas.  

Los hombres están tan resueltos a excluir a Dios de la soberanía del universo que rebajan al hombre y le privan de la dignidad de su origen. El que colocó los mundos estrellados en la altura y coloreó con delicada maestría las flores 
del campo, el que llenó la tierra y los cielos con las maravillas de su potencia, cuando quiso coronar su gloriosa 
obra, colocando a alguien para regir la hermosa tierra, supo crear un ser digno de las manos que le dieron vida. 

La genealogía de nuestro linaje, como ha sido revelada, no hace remontar su origen a una serie de gérmenes, 
moluscos o cuadrúpedos, sino al gran Creador. Aunque Adán fue formado del polvo, era el "hijo de Dios"...

Su naturaleza estaba en armonía con la voluntad de Dios. Su mente era capaz de comprender las cosas divinas. Sus afectos eran puros, sus apetitos y pasiones estaban bajo el dominio de la razón. Era santo y se sentía feliz de llevar la imagen de Dios y de mantenerse en perfecta obediencia a la voluntad del Padre. (Patriarcas y Profetas, págs. 24-26).

[Adán] tenía más de dos veces la estatura de los hombres que viven hoy 
sobre la tierra, y era bien proporcionado. Sus rasgos eran perfectos y hermosos. . . 

Eva no era tan alta como Adán. Su cabeza sobrepasaba un poco los hombros 
de aquél. Ella, también, era noble, de simetría perfecta, y muy hermosa.

Esta pareja inmaculada no llevaba vestiduras artificiales. Estaban rodeados de una envoltura 
de luz y gloria, como la que rodea a los ángeles. (The Story of Redemption, pág. 21). 12