Los hebreos estaban cansados y aterrorizados; sin embargo,
si se hubiesen echado atrás cuando Moisés les ordenó que avanzaran y se
hubiesen negado a acercarse más al mar Rojo, nunca habría abierto Dios el
camino para ellos. Al descender al agua, mostraron que tenían fe en la palabra
de Dios, según la expresara Moisés. Hicieron cuanto estaba en su poder, y luego
el Poderoso de Israel cumplió su parte y dividió las aguas a fin de abrir una
senda para sus pies.
Las
nubes que se acumulan en derredor de nuestro camino, no desaparecerán nunca
ante un espíritu vacilante y de duda.
La
incredulidad dice: "Nunca podremos superar estos obstáculos; esperemos
hasta que hayan sido suprimidos o podamos ver claramente nuestro camino."
Pero la fe nos insta valientemente a avanzar, esperándolo y creyéndolo todo. La
obediencia a Dios traerá seguramente la victoria. Es únicamente por medio de la
fe cómo podemos llegar al cielo.
HAY
GRAN SIMILITUD entre nuestra historia y
la de los hijos 453 de Israel. Dios condujo a su pueblo de Egipto al desierto,
donde podía guardar su ley y obedecer su voz. Los egipcios, que no respetaban a
Jehová, acamparon cerca de Israel; sin embargo, lo que para los israelitas era
un gran raudal de luz, que iluminaba todo el campamento y resplandecía sobre la
senda que se tendía ante ellos, fue para las huestes del Faraón una muralla de
nube que obscurecía aún más las tinieblas de la noche.
ASÍ
TAMBIÉN, EN ESTE TIEMPO, hay un
pueblo a quien Dios ha hecho depositario de su ley. Para quienes los acatan,
los mandamientos de Dios son como una columna de fuego que los ilumina y los
conduce por el camino de la salvación eterna. Pero para aquellos que los
desprecian, son como las nubes de la noche. "El principio de la sabiduría
es el temor de Jehová." (Prov. 1:7.) Mejor que todo otro conocimiento es
la comprensión de la Palabra de Dios.
En
la observancia de los mandamientos hay gran recompensa, y ninguna ventaja
terrenal debe inducir al cristiano a vacilar por un momento en su fidelidad.
Las riquezas, los honores y las pompas mundanales no son sino como escoria que
perecerá ante el fuego de la ira de Dios.
La
voz del Señor que ordena a sus fieles que marchen, prueba con frecuencia su fe
hasta lo sumo. Pero si ellos hubiesen de postergar la obediencia hasta que haya
desaparecido de su entendimiento toda sombra de incertidumbre y no quedase
ningún riesgo de fracaso o derrota, nunca avanzarían. Los que creen que les es
imposible ceder a la voluntad de Dios y tener fe en sus promesas hasta que todo
esté despejado y llano delante de ellos, no cederán nunca.
La fe no es la
certidumbre del conocimiento; es "la substancia de las cosas que se
esperan, la demostración de las cosas que no se ven." (Heb. 11:1) El
obedecer a los mandamientos de Dios es la única manera de obtener su favor.
"Marchad" debe ser el santo y seña del cristiano. 1JT453.