4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. 1 Cor. 13.
*4. EL AMOR ES SUFRIDO.
En los vers. 4-7 Pablo procede a analizar el amor. Destaca siete excelentes características del amor y ocho actitudes que son completamente extrañas a su naturaleza. En esta apología presenta las características superiores del amor en sus aspectos positivo y negativo. La personificación del amor en estos versículos ensalza la belleza de la descripción, pues Pablo le asigna al amor las características que se encuentran en los que realmente aman. A través del pasaje se ven de vez en cuando vislumbres de las faltas de la iglesia de Corinto, que contrastan directamente con las excelentes cualidades del amor.
La paciencia o longanimidad, en un mundo donde prevalecen la impaciencia y la intolerancia, es un precioso atributo.
El amor es magnánimo con las faltas, fracasos y debilidades de otros. Reconoce que todos los seres humanos son falibles, y que, por lo tanto, debe esperarse que haya manifestaciones que revelen los errores que resultan de la naturaleza pecaminosa inherente del hombre.
La paciencia es lo opuesto a la precipitación, a las expresiones y los pensamientos apasionados y a la irritabilidad. "Sufrido" describe el estado mental que capacita al hombre para ser pacientemente tranquilo y cuando es oprimido, calumniado y perseguido (ver Efe. 4: 2; Col. 3: 12; 2 Tim. 4: 2; 2 Ped. 3: 15; cf. Mat. 26: 63; 27: 12-14; com. Mat. 5: 10-12). El que es paciente posee uno de los frutos del Espíritu (Gál. 5: 22).
ES BENIGNO.
Gr. jr'stéuomai, "ser gentil", "manifestar bondad", "ser considerado y suave". Describe la naturaleza bondadosa del que es movido por el Espíritu de Dios, que siempre está procurando revelar, por palabras y acciones, una simpatía comprensiva y sensibilidad ante las luchas y dificultades de otros. La idea de la palabra es que en todas las circunstancias de la vida, ya sean ásperas o irritantes, dolorosas o penosas, el amor es suave y gentil. El amor es lo opuesto al odio, el cual se manifiesta con severidad, ira, aspereza, dureza y venganza. El que realmente ama a otro es bondadoso con él, anhela hacerle bien; es gentil y cortés porque no desea herir sus sentimientos, sino que procura ayudarle a ser feliz. (ver 1 Ped. 3: 8).
NO TIENE ENVIDIA.
Gr. z'lóÇ, "ser celoso", ya sea en sentido positivo o negativo. Aquí, en sentido negativo, significa "ser envidioso" o manifestar sentimientos malos o desagradables hacia otros porque tienen alguna ventaja sobre uno. Sentimientos tales producen luchas y divisiones, que son completamente contrarias a las enseñanzas de Jesús, pues él exhortaba a los hombres a que se amaran unos a otros y vivieran unidos (ver Juan 15: 12; 17: 22; 1 Juan 3: 23). La envidia o los celos es, de todos los defectos humanos, uno de los más crueles y despreciables (ver Prov. 27: 4; Cant. 8: 6). Lucifer, el glorioso ángel que tenía el privilegio de ser uno de los querubines protectores que estaban cerca del trono de Dios, fue vencido por la envidia y perdió su elevada dignidad (ver Isa. 14: 12-15; Eze. 28: 14-15). Desde que cayó ha procurado implantar el terrible defecto de la envidia en el corazón de cada ser humano para que todos se pierdan como se perdió él. Sólo el amor puede expulsar los celos. Pero el sentirse contento con lo que el Señor ha permitido que tengamos, no excluye que deseemos fervientemente los mejores dones y anhelemos ardientemente el "camino aun más excelente" del amor que se describe en este capítulo (ver 1 Cor. 12: 31).
NO ES JACTANCIOSO.
Gr. perperéuomai, "ser vanaglorioso", "jactarse". El amor no pregona sus propias alabanzas; es humilde, no trata de ensalzarse. Aquel en cuyo corazón se encuentra el verdadero amor, recuerda la vida y la muerte de Jesús, e instantáneamente rechaza cada pensamiento o sugestión que lo lleve a la justificación propia (ver PE 112-113).
El amor que es un don del Espíritu considera cada virtud como procedente de Dios y concedida por él, y por lo tanto, no hay motivo 776 para la vana jactancia porque la posesión de todo don viene de Dios.
NO SE ENVANECE.
Gr. fusióÇ, "hincharse", "inflarse", metafóricamente "enorgullecerse". FusióÇ deriva fe fúsa, "bufidos". El amor no infla a una persona de vanidad; no produce engreimiento y ensalzamiento propios. Este vocablo indica el estado subjetivo de orgullo y de satisfacción propia que con tanta frecuencia son característicos de los que poseen un conocimiento superior y que son muy capaces (cf. cap. 8: 1). El amor no se complace en la autoestimación, la cual pretende tener los mejores dones, y tiende a la vanagloria. El amor no produce sentimientos de darse importancia, ni busca los halagos de otros por cualquier cosa que se haya logrado (ver 5T 124).
5. NO HACE NADA INDEBIDO.
Gr. asj'monéÇ, "actuar indecorosamente", " comportarse en forma deshonrosa". En la LXX la palabra se usa con el significado de "estar desnudo" (ver Eze. 16: 7, 22; etc.). El amor nunca es descortés, rudo o tosco; nunca se conduce de tal manera que pueda herir la sensibilidad ajena. Cuando Cristo vivió en la tierra siempre tuvo en cuenta los sentimientos de los hombres y procedía con cortesía y corrección para todos (ver OE 127).
Cada verdadero seguidor del Señor siempre será cortés y nunca responderá a los impulsos del corazón natural de volver la rudeza y aspereza con descortesía (ver OE 129).
El amor siempre va en busca de lo que es correcto y decoroso en todas las relaciones de la vida, pues procura promover la felicidad ajena, y esto necesariamente induce a evitar todo lo que causaría una ofensa o impediría el verdadero gozo.
Aquí puede haber una ilusión a la conducta indebida de algunos de los corintios en el culto público y en relación con los banquetes paganos (ver 1 Cor. 8; 10-12; 11: 4-6, 20-22). Con amor el cristiano renuncia a sus opiniones, deseos y prácticas personales en bien de la tranquilidad, la conveniencia y la felicidad de otros.
El comportamiento correcto del amor impide todo fanatismo y posición extremista que conduzcan a estallidos emotivos desenfrenados y deshonren la causa de Dios. Esta afirmación de que el amor nunca hace nada indebido demuestra que en todo momento está bajo el dominio de la razón, y por lo tanto no puede ser una emoción o sentimiento. Lo que pasa de ser una reacción de las emociones y sentimientos -falsamente llamada amor-, no actúa en forma razonable ni necesariamente tiene en cuenta los sentimientos y la sensibilidad de otros.
NO BUSCA LO SUYO.
Lo diametralmente opuesto a la naturaleza del verdadero amor es la búsqueda egoísta de la ventaja, la influencia o el honor de uno mismo como el único propósito de la vida (cf. cap. 10: 24, 33). Esta en todas las características del amor la más difícil de entender para el corazón no santificado. El ser humano se interesa en primer lugar en sí mismo y, con frecuencia, ese interés predomina sobre todos los demás; pero la forma de proceder de Cristo, la forma de proceder del amor, pone el yo en último lugar y a los otros primero (ver com. Mat. 5: 43-46; 7: 12). La naturaleza egoísta del hombre es una prueba más de que el pecado a invertido completamente el orden divino en la experiencia de la humanidad, induciendo a los hombres a concentrar sus afectos e intereses en sí mismos (ver Jer. 17: 9; Rom. 7: 14-18, 20; 8: 5-8; Sant. 4: 4; com. Mat. 10: 39). El que está dominado por el amor desinteresado de Dios, se olvida del yo y está completamente dominado por el deseo de hacer la voluntad de Dios. Por eso está dispuesto a dar su vida en amante ministerio a favor de otros (ver Mat. 22: 37-39; Hech. 10: 38; OE 117; SC 138; 3JT 343).
Jesús "anduvo haciendo bienes" (Hech. 10: 38). Esta afirmación demuestra claramente que nadie puede ser un verdadero cristiano, un verdadero seguidor de Cristo, si sólo vive para sí mismo o si su principal propósito en la vida es favorecer sus propios intereses. Cristiano es el que sigue a Cristo; es el que no tiene en cuenta las exigencias del corazón natural de dedicarse a sí mismo, y que está dispuesto a sacrificar su comodidad, su tiempo, su tranquilidad, sus recursos y sus talentos en favor del bienestar de la humanidad.
NO SE IRRITA.
El amor no se irrita; nada puede perturbar la ecuanimidad del perfecto amor y producir una manifestación de disgusto, impaciencia o ira (ver Sal. 119: 165; Heb. 12: 3; 1 Ped. 2: 23). Al cristiano que sabe que el yo, el corazón natural, se opone a la voluntad de Dios, pero se ha entregado al Señor y está muerto al pecado, nada puede irritarlo o disgustarlo. Sencillamente entrega todas las cosas en manos de Dios con la seguridad de que, no importa qué suceda, está bajo 777 el cuidado del ojo amante y atento de Aquel que rige todas las cosas para bien del que confíe en él (ver Rom. 6: 11; 8: 28; 1 Ped. 5: 6-7). Uno de los efectos más visibles de la conversión es el notable cambio que se ve en el carácter de una persona que era de disposición irritable, llena de resentimiento y fácil de airarse. Esas personas se tornan amables, bondadosas y tranquilas bajo la influencia del Espíritu Santo. Todos los esfuerzos de Satanás son infructuosos para hacer que se disgusten y den rienda suelta a su antiguo genio violento.
NO GUARDA RENCOR.
Literalmente "no toma en cuenta el mal" (BJ, BC). El texto griego daba la idea de no tomar en cuenta el mal que ha sido hecho; no computar, achacar o cargar el mal a la cuenta de algún otro. Este es otro bello atributo cristiano del amor. Demuestra que el amor explica de la mejor manera posible el comportamiento de otros. El que está dominado por el amor no es severo, no está dispuesto a encontrar faltas en otros o atribuirles motivos equivocados.
6. NO SE GOZA DE LA INJUSTICIA.
El amor no se complace en ninguna suerte de injusticia, ya se trate de amigos o enemigos. La injusticia, que es pecado (1 Juan 5: 17), es completamente extraña a la naturaleza divina del amor. Por lo tanto, el que ama no puede no puede complacerse con nada que no esté en armonía con la voluntad de Dios. El amor no se regocija con los defectos de otros ni se alegra porque se haya descubierto que son culpables de algún mal. No se complace malignamente al escuchar la noticia de que alguien se ha equivocado (ver Prov. 10: 12; 11: 13; 17: 9; 1 Ped. 4: 8). El corazón inicuo se alegra cuando un enemigo cae en el pecado, o cuando un adversario comete una falta que lo perjudica; pero no sucede así con el amor, porque éste sigue el camino diametralmente opuesto y procura ayudar al enemigo cuando está en dificultades (ver Prov. 24: 17; 25: 21; Mat. 5: 44; Rom. 12: 20). Los que no están santificado por la verdad son los que se complacen en el mal proceder de otros (ver Rom. 1: 32; 12: 9).
VERDAD.
"Verdad" está aquí en contraste con "injusticia", y significa virtud, justicia, bondad. El amor no se complace en las faltas, sino en las virtudes de otros. el amor se interesa en el progreso de la verdad y en la felicidad del hombre. Por eso da gracias cada vez que es apoyada la causa de la verdad (ver Mar. 9: 35-40; Fil. 1: 14-18).
EL AMOR NO PUEDE ALEGRARSE con ninguna clase de pecado ni en el castigo que corresponde al pecador, pero si se complace en la liberación del hombre de los grillos del pecado, porque una liberación tal lo pone en armonía con la verdad y lo convierte en candidato para la felicidad del cielo para la cual fue creado (ver Eze. 18: 23, 32; 33: 11; Juan 8: 32; 17: 17; 1 Juan 4: 8; PVGM 233).
7. TODO LO SUFRE.
Gr. stégÇ, "cubrir", "proteger", "resistir", "soportar". "Todo lo excusa" (BJ, NC); "todo lo disimula" (BC). El amor oculta y calla cosas como las faltas de otros, que el egoísmo del corazón natural expondría alegremente. El amor no siente deseo de examinar las debilidades ajenas o de permitir que sean inspeccionadas por alguna otra persona.
TODO LO CREE.
Esta frase no significa que el que ama a sus prójimos es crédulo hasta el punto de creer cosas absurdas, sin discriminar entre los cierto y lo falso, quedando así expuesto a creer en una falsedad como si fuera algo cierto. Lo que el amor está dispuesto a hacer es de interpretar la conducta ajena de la mejor manera posible, adjudicando buenos motivos a otros. Esta es la actitud natural del amor porque procura hacer felices a otros. No cree cualquier cosa en perjuicios de ellos a menos que haya una evidencia irrefutable. El amor en relación con Dios cree sin preguntar todo lo que la voluntad divina le revela al hombre. No tiene dudas acerca de la palabra de Dios y de las instrucciones divinas; todo lo acepta y obedece con gratitud.
TODO LO ESPERA.
No importa cuán oscuras pueden ser las apariencias y cuántos motivos haya para poner en duda la sinceridad de otros, el amor continúa esperando que todo terminará bien, y mantiene esta posición hasta que desaparezca toda posibilidad de que así sea. Esta fe en el prójimo, inspirada por el amor, insta al individuo a ser un defensor de la causa ajena, aun frente a la oposición. El amor se basa en la confianza, y esta confianza descansa finalmente en Dios. Por eso el amor está dispuesto a hacer frente al ridículo, la lucha y el desprecio en defensa de otros, pues confía que a su debido tiempo será enaltecida la verdad.
TODO LO SOPORTA.
El amor soporta serenamente todas la dificultades, pruebas, persecuciones e injurias de origen humano, y todos los ataques que quizá Dios vea que es conveniente permitir que haga el adversario (ver Job 13: 15). 778 Esta afirmación acerca del amor demuestra la infinita paciencia que posee el que siempre está regido por el amor. Soporta pacientemente el extraño comportamiento de otros, quizá calculado para herirlo o molestarlo, pues ve en sus prójimos almas por las cuales murió Cristo, almas que son descarriadas por Satanás y, por lo tanto, deben ser compadecidas y ayudadas antes que condenadas o tratadas ásperamente. El amor, que es la perfecta expresión de la ley de Dios, obra consecuentemente para el mayor bien posible de otros y, por lo tanto, está preparado para considerar la conducta desfavorable e otros con una paciencia comprensiva y una simpatía inspirada por Dios. (ver Mat. 22: 37-40; Rom. 13: 10; 1 Juan 4: 7, 12, 16, 18, 20-21).
8. EL AMOR NUNCA DEJA DE SER.
Gr. ekpíptÇ, "caer de su lugar", "menguar", "perecer". "No acaba nunca" (BJ). La evidencia textual (cf. p. 10) establece la variante píptÇ, la forma simple del verbo. El amor genuino no cae como una hoja o una flor (ver San. 1: 11; 1 Ped. 1: 24). Cuando una flor a brindado su fragancia y belleza durante las horas de la luz solar, ha cumplido su propósito; luego, los vientos fríos y las heladas hacen que se marchite y caigan de la planta. No sucede así con el amor. El amor permanece inmutable, emanando su fragancia de fe, esperanza y seguridad a su alrededor, tanto en los días de tirantez y dificultad como cuando todo es brillante y hermoso. Así debe ser, pues el amor es el mismo fundamento de la ley, y la ley de Dios es eterna (ver Sal. 119: 160; Mat. 5: 17-18; Luc. 16: 17). Se pide a cada creyente que cultive este fruto del Espíritu. Puede estar seguro que no habrá ninguna vicisitud en la vida a la cual no sea capaz de hacer frente el amor. Puede dependerse siempre del amor para resolver todos los problemas.
PROFECÍAS.
El don de profecía fue dado por Dios para la conducción de la iglesia a través de los siglos (ver Sal. 77: 20; Ose. 12: 13; Apoc. 12: 17; 19: 10). Cuando ya no haya necesidad de esa conducción, es decir, cuando el pueblo de Dios llegue a su hogar celestial, las profecías cesarán.
SE ACABARÁN.
Gr. katargéÇ, "anular", "terminar", usado aquí en la forma pasiva, "ser llevadas a un fin".
CESARÁN.
Gr. páuÇ, "detenerse", "cesar".
LENGUAS.
Este don, como el de las profecías, que cumplió una función útil en la iglesia primitiva (ver Nota Adicional del cap. 14 ), ya no será necesario.
CIENCIA.
Gr. gnÇsis, "conocimiento". No el conocimiento en general, sino el don del conocimiento que capacita a los hombres para explicar clara y lógicamente la verdad a otros (ver com. cap. 12: 8). Pablo establece la superioridad del amor sobre los otros dones espirituales, que fueron útiles en la edificación de la iglesia, pero que no se necesitarán más cuando la iglesia reine triunfante en el reino de gloria. 6 CBA

No hay comentarios:
Publicar un comentario