lunes, 7 de octubre de 2019

03. UN LUGAR EN EL FRENTE “INTRODUCCIÓN” (CONFLICTO Y VALOR) EGW


Los labios del justo apacientan a muchos.
 (Prov. 10: 21).

A pesar de la iniquidad que prevalecía, había un número de hombres santos, ennoblecidos y elevados por la comunión con Dios, que vivían en compañerismo con el cielo.  Eran hombres de poderoso intelecto, que habían realizado obras admirables.  Tenían una santa y gran misión; a saber, desarrollar un carácter justo y enseñar una lección de piedad, no sólo a los hombres de su tiempo, sino también a las generaciones futuras.  Sólo algunos de los más destacados se mencionan en las Escrituras; pero a través de todos los tiempos, Dios tuvo testigos fieles y adoradores sinceros 
(Patriarcas y Profetas, pág. 71).

¡Cuán a menudo los que confiaron en la Palabra de Dios, aunque eran en sí mismos completamente impotentes, han resistido el poder del mundo entero!  

Enoc, de corazón puro y vida santa, puso su fe en el triunfo de la justicia contra una generación corrupta y mofadora; 
Noé y su casa resistieron a los hombres de su época, hombres de mucha fuerza física y mental y de la más degradada moralidad; 
los hijos de Israel, que junto al mar Rojo no eran más que una multitud indefensa y aterrorizada de esclavos, resistieron al más poderoso ejército de la más poderosa nación del globo;
David, siendo tan sólo un pastorcillo que tenía la promesa del trono dada por Dios, resistió a Saúl, el monarca reinante, dispuesto a no ceder su poder.  

El mismo hecho se destaca en el caso de Sadrac 
y sus compañeros en el horno de fuego, 
y Nabucodonosor en el trono;
Daniel entre los leones, y sus enemigos 
en los puestos elevados del reino; 
Jesús en la cruz, y los sacerdotes y príncipes judíos forzando al gobernador romano para que hiciese su voluntad; 
Pablo encadenado y llevado a sufrir la muerte de un criminal, y Nerón, déspota de un imperio mundial.

No sólo en la Biblia se encuentran estos ejemplos.  Abundan en los anales del progreso humano.  Los valdenses y los hugonotes, Wiclef y Hus, Jerónimo y Lutero, Tyndale y Knox, Zinzendorf y Wesley, y multitudes más, han dado testimonio del poder de la Palabra de Dios contra el poder y el proceder humanos que apoyan el mal.  Estos constituyen la verdadera nobleza del mundo.  Constituyen su realeza.
  Los jóvenes de hoy día son llamados
 a ocupar sus lugares. 
(La Educación, pág. 248).  10

No hay comentarios:

Publicar un comentario