lunes, 7 de octubre de 2019

04. ¿QUE FRUTO? “INTRODUCCIÓN” (CONFLICTO Y VALOR) EGW.


Los que aran iniquidad y siembran injuria, 
la siegan. (Job 4: 8).

Como agente educativo, ninguna parte de la Biblia es de mayor valor que sus biografías.  Estas biografías diferente de todas las demás en que son absolutamente fieles a la realidad.  

Es imposible que una mente finita interprete exactamente, en todas las cosas, las operaciones de otra.  Solamente Aquel que lee el corazón, que discierne la fuente secreta de los motivos y de las acciones, puede delinear con absoluta fidelidad el carácter, o dar una fiel descripción de una vida humana.  Sólo en la Palabra de Dios se encuentra una descripción tal.

No hay verdad tan claramente enseñada por la Biblia como la de que lo que hacemos, es resultado de lo que somos.  En gran parte, los incidentes de la vida son el fruto de nuestros propios pensamientos y acciones.  "La maldición no viene sin causa" (Prov. 26:2).

"Decid al justo que le irá bien. . . !Ay del malo! pues mal le irá; porque la recompensa de lo que han hecho sus manos le será dada" (Isa. 3: 10, 11).
"¡ Escucha, oh tierra!  He aquí que voy a traer el mal sobre este pueblo, es a saber el fruto de sus mismos pensamientos" 
(Jer. 6: 19).

Es terrible esta verdad y debería ser profundamente inculcada.  Toda acción reacciona sobre el que la ejecuta.  Nunca un ser humano puede dejar de reconocer, en los males que aquejan su vida, el fruto de su propia siembra.  Sin embargo, no estamos sin esperanza.

Jacob recurrió al fraude para obtener el derecho de la primogenitura que ya le correspondía según la promesa de Dios, y la cosecha que recogió fue el odio de su hermano.  Durante los veinte años de destierro fue defraudado. . .
Pero Dios dice: ". . . Yo he visto sus caminos, y le sanaré" 
(Isa. 57: 18).

Jacob no fue abrumado por su pena.  Se había arrepentido, había tratado de expiar el mal hecho a su hermano.  Y cuando se vio amenazado de muerte a causa de la ira de Esaú, buscó ayuda en Dios. . . "Lloró y le hizo suplicación" (Ose. 12: 4).  
"Y le bendijo allí" (Gén. 32: 29). . . Había quebrantado el poder del mal de su propia naturaleza; había sido transformado su carácter...

Dios no anula sus leyes.  
No obra contrariamente a ellas.  
No deshace la obra del pecado, 
pero la transforma.  
Por medio de su gracia, 
la maldición se convierte en bendición 
(La Educación, págs. 141-143).11

03. UN LUGAR EN EL FRENTE “INTRODUCCIÓN” (CONFLICTO Y VALOR) EGW


Los labios del justo apacientan a muchos.
 (Prov. 10: 21).

A pesar de la iniquidad que prevalecía, había un número de hombres santos, ennoblecidos y elevados por la comunión con Dios, que vivían en compañerismo con el cielo.  Eran hombres de poderoso intelecto, que habían realizado obras admirables.  Tenían una santa y gran misión; a saber, desarrollar un carácter justo y enseñar una lección de piedad, no sólo a los hombres de su tiempo, sino también a las generaciones futuras.  Sólo algunos de los más destacados se mencionan en las Escrituras; pero a través de todos los tiempos, Dios tuvo testigos fieles y adoradores sinceros 
(Patriarcas y Profetas, pág. 71).

¡Cuán a menudo los que confiaron en la Palabra de Dios, aunque eran en sí mismos completamente impotentes, han resistido el poder del mundo entero!  

Enoc, de corazón puro y vida santa, puso su fe en el triunfo de la justicia contra una generación corrupta y mofadora; 
Noé y su casa resistieron a los hombres de su época, hombres de mucha fuerza física y mental y de la más degradada moralidad; 
los hijos de Israel, que junto al mar Rojo no eran más que una multitud indefensa y aterrorizada de esclavos, resistieron al más poderoso ejército de la más poderosa nación del globo;
David, siendo tan sólo un pastorcillo que tenía la promesa del trono dada por Dios, resistió a Saúl, el monarca reinante, dispuesto a no ceder su poder.  

El mismo hecho se destaca en el caso de Sadrac 
y sus compañeros en el horno de fuego, 
y Nabucodonosor en el trono;
Daniel entre los leones, y sus enemigos 
en los puestos elevados del reino; 
Jesús en la cruz, y los sacerdotes y príncipes judíos forzando al gobernador romano para que hiciese su voluntad; 
Pablo encadenado y llevado a sufrir la muerte de un criminal, y Nerón, déspota de un imperio mundial.

No sólo en la Biblia se encuentran estos ejemplos.  Abundan en los anales del progreso humano.  Los valdenses y los hugonotes, Wiclef y Hus, Jerónimo y Lutero, Tyndale y Knox, Zinzendorf y Wesley, y multitudes más, han dado testimonio del poder de la Palabra de Dios contra el poder y el proceder humanos que apoyan el mal.  Estos constituyen la verdadera nobleza del mundo.  Constituyen su realeza.
  Los jóvenes de hoy día son llamados
 a ocupar sus lugares. 
(La Educación, pág. 248).  10

02. HAY ESPERANZA “INTRODUCCIÓN” (CONFLICTO Y VALOR) EGW.


1 Cor. 10: 1-13
Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.  Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.
 (1 Cor. 10: 10, 11).

Las murmuraciones del antiguo Israel y su descontento rebelde, como también los grandes milagros realizados en su favor, y el castigo de su idolatría e ingratitud, fueron registrados para nuestro beneficio.  El ejemplo del antiguo Israel es dado como advertencia para el pueblo de Dios, a fin de que evite la incredulidad y escape a su ira.  Si las iniquidades de los hebreos hubiesen sido omitidas del relato sagrado, y se hubiesen relatado solamente sus virtudes, su historia no nos habría enseñado la lección que nos enseña...

Si los hijos de Dios quisieran reconocer cómo los trata él y aceptasen sus enseñanzas, sus pies hallarían una senda recta, y una luz los conduciría a través de la oscuridad y el desaliento.  David aprendió sabiduría de la manera en que Dios le trató, y se postró en humildad bajo el castigo del Altísimo.  La descripción fiel que de su verdadero estado hizo el profeta Natán, le dio a conocer a David sus propios pecados y le ayudó a desecharlos.  Aceptó mansamente el consejo  y se humilló delante de Dios.  "La ley de Jehová -exclama él- es perfecta, que vuelve el alma" (Sal. 19: 7).

Los pecadores que se arrepienten no tienen motivo para desesperar porque se les recuerden sus transgresiones y se les amoneste acerca de su peligro.  Los mismos esfuerzos hechos en su favor demuestran cuánto los ama Dios y desea salvarlos.  Ellos solo deben pedir su consejo y hacer su voluntad para heredar la vida eterna.  Dios presenta a su pueblo que yerra los pecados que comete, a fin de que pueda ver su enormidad según la luz de la verdad divina.  Su deber es entonces renunciar a ellos para siempre.
Dios es hoy tan poderoso para salvar del pecado como en los tiempos de los patriarcas, de David y de los profetas y apóstoles.  

La multitud de casos registrados en la historia sagrada, en los cuales Dios libró a su pueblo de sus iniquidades, debe hacer sentir al cristiano de esta época el anhelo de recibir instrucción divina y celo para perfeccionar un carácter que soportará la detenida inspección del juicio. (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 438, 442, 443). 9

01. PARA QUE TENGAMOS ÁNIMO “INTRODUCCIÓN” (CONFLICTO Y VALOR) EGW.


Porque todas esas palabras que fueron escritas hace mucho, son para enseñarnos hoy a nosotros; para que cuando leamos en las Escrituras acerca de la paciencia de los hombres y de toda la ayuda de Dios les prestó en aquellos días, tengamos ánimo y esperanza en nuestros propios días. (Rom. 15: 4, Phillips).

Las vidas relatadas en la Biblia son biografías auténticas de personas que vivieron en realidad.  Desde Adán hasta el tiempo de los apóstoles, a través, de sucesivas generaciones, se nos presenta sin relato claro y escueto de lo que sucedió en realidad y de lo que experimentaron personajes reales.  A muchos les extraña que la historia inspirada narre los hechos que mancillan el carácter moral de hombres buenos. . .Los escritores inspirados no escribieron mentiras destinadas a impedir que  el  relato de las flaquezas y faltas humanas ensombrecieran  las páginas  de la historia sagrada...

El hecho de que no se pasa por alto la verdad, ni se suprimen los pecados de los personajes principales, es, una de las mejores evidencias de la autenticidad de las escrituras... 

Cuántas biografías se han escrito acerca de los cristianos impecables, que por su vida hogareña y relaciones con la iglesia resplandecían como ejemplos de piedad inmaculada. . . 
Sin embargo, si su historia hubiese sido escrita por una pluma inspirada, ¡cuán diferente habría parecido!  Se habrían revelado las debilidades humanas, las luchas con el egoísmo, el fanatismo y el orgullo, tal vez los pecados ocultos, y la guerra continua entre el espíritu y la carne...

Si nuestra buena Biblia hubiese sido escrita por personas no inspiradas, habría presentado un aspecto muy diferente, y su estudio sería desalentador para los mortales que yerran, que contienden con flaquezas naturales y las tentaciones de un enemigo astuto.  

Pero tal cual es, tenemos un relato correcto de la experiencia religiosa que tuvieron los personajes notables de la historia bíblica. 
Los hombres a quienes Dios había favorecido y a quienes había confiado grandes responsabilidades, fueron a veces vencidos por la tentación y cometieron pecados, así como nosotros actualmente luchamos, vacilamos y con frecuencia caemos en el error. 

Pero es alentador para nuestro corazón abatido saber que por la gracia de Dios ellos pudieron obtener nuevo vigor para levantarse por encima de su naturaleza mala; y al recordar esto, estamos listos para reanudar la lucha de nosotros mismos.
 (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs, 436-438). 8

PREFACIO (CONFLICTO Y VALOR) EGW.


El relato bíblico de la vida de hombres y mujeres de la antigüedad presenta una gama tan variada de situaciones diversas que cada uno puede identificarse con algún personaje allí descripto.  Será sabio quien saque del estudio de ese relato aquello que guiará, enriquecerá y salvaguardará su propia vida.  Tomará valor de aquellos que triunfaron, y es de esperar que evitará los sinsabores de aquellos que hicieron decisiones erróneas.

Al relatar las hazañas, los fracasos y los éxitos de los hombres, la Palabra de Dios a menudo describe sus caracteres muy escuetamente.  Las prensas del siglo veinte han facilitado la divulgación de relatos más completos y detallados de las vidas de esos individuos, tal como nos han llegado mediante la pluma inspirada de Elena G. de White.  En una forma no común, ella aferra y aplica, con profunda visión, divinamente guiada, lecciones valiosas de las vidas de santos y pecadores retratados en la historia sagrada.  De esta voluminosa y rica fuente que son los escritos de Elena G. de White han sido escogidos los 365 breves esbozos que contiene este libro.

Es obvio que no podían reproducirse aquí biografías completas, de tantos personajes.  Estas pueden buscarse en los cinco tomos de la serie "El Gran Conflicto", en los Testimonios y otros libros de E. G. de White, y en los suplementos al SDA Bible Commentary.

  Más bien, las lecciones de sus vidas han sido expuestas aquí mediante incidentes, en su marco biográfico.  Estos aparecen en un orden aproximadamente cronológico, pero sin una estricta secuencia de sucesos; tampoco ha sido posible ser exhaustivos aun dentro de estas limitaciones.
Las referencias bíblicas que aparecen en la parte superior de muchas de las páginas, llevan a los relatos de los incidentes de los cuales se han sacado las lecciones.

Está indicada la fuente de cada pasaje que aparece en estas páginas.  Una mirada detenida 6 a las referencias; revelará que la fuente principal ha sido la colocada serie de "El Gran Conflicto", la cual, en general, presenta el relato más completo y más rico.

La tarea de seleccionar y ordenar estos esbozos ha sido realizada en la oficina de la Fundación Elena G. de White.  Ojalá puedan cumplir el propósito para el cual fueron destinados, de traer ánimo a los hijos de Dios para las pruebas que nos asaltan en los últimos días de la historia de la tierra. 

En la antigüedad, Abrahán, Isaac, Jacob y Moisés, con su humildad y sabiduría, y Josué con sus diversos dones, fueron todos empleados en el servicio de Dios. La música de María, el valor y la piedad de Débora, el afecto filial de Rut, la obediencia y fidelidad de Samuel, la firme fidelidad de Elías, la suavizadora y subyugadora influencia de Eliseo, todas estas cualidades se necesitaron.  Así también a hora, todos aquellos a quienes Dios ha prodigado sus bendiciones, han de responder con un servicio verdadero; ha de emplearse cada don para el adelanto de su reino y la gloria de su nombre (Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 283).

"La Mayor Necesidad Del Mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos".
 (La Educación, pág. 54). 7
LOS EDITORES

viernes, 4 de octubre de 2019

03. EL AMOR REAL.


4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 
5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. 1 Cor. 13. 


*4. EL AMOR ES SUFRIDO.
En los vers. 4-7 Pablo procede a analizar el amor. Destaca siete excelentes características del amor y ocho actitudes que son completamente extrañas a su naturaleza. En esta apología presenta las características superiores del amor en sus aspectos positivo y negativo. La personificación del amor en estos versículos ensalza la belleza de la descripción, pues Pablo le asigna al amor las características que se encuentran en los que realmente aman. A través del pasaje se ven de vez en cuando vislumbres de las faltas de la iglesia de Corinto, que contrastan directamente con las excelentes cualidades del amor.

La paciencia o longanimidad, en un mundo donde prevalecen la impaciencia y la intolerancia, es un precioso atributo.
El amor es magnánimo con las faltas, fracasos y debilidades de otros. Reconoce que todos los seres humanos son falibles, y que, por lo tanto, debe esperarse que haya manifestaciones que revelen los errores que resultan de la naturaleza pecaminosa inherente del hombre. 
La paciencia es lo opuesto a la precipitación, a las expresiones y los pensamientos apasionados y a la irritabilidad. "Sufrido" describe el estado mental que capacita al hombre para ser pacientemente tranquilo y cuando es oprimido, calumniado y perseguido (ver Efe. 4: 2; Col. 3: 12; 2 Tim. 4: 2; 2 Ped. 3: 15; cf. Mat. 26: 63; 27: 12-14; com. Mat. 5: 10-12). El que es paciente posee uno de los frutos del Espíritu (Gál. 5: 22).

ES BENIGNO.
Gr. jr'stéuomai, "ser gentil", "manifestar bondad", "ser considerado y suave". Describe la naturaleza bondadosa del que es movido por el Espíritu de Dios, que siempre está procurando revelar, por palabras y acciones, una simpatía comprensiva y sensibilidad ante las luchas y dificultades de otros. La idea de la palabra es que en todas las circunstancias de la vida, ya sean ásperas o irritantes, dolorosas o penosas, el amor es suave y gentil. El amor es lo opuesto al odio, el cual se manifiesta con severidad, ira, aspereza, dureza y venganza. El que realmente ama a otro es bondadoso con él, anhela hacerle bien; es gentil y cortés porque no desea herir sus sentimientos, sino que procura ayudarle a ser feliz. (ver 1 Ped. 3: 8).

NO TIENE ENVIDIA.
Gr. z'lóÇ, "ser celoso", ya sea en sentido positivo o negativo. Aquí, en sentido negativo, significa "ser envidioso" o manifestar sentimientos malos o desagradables hacia otros porque tienen alguna ventaja sobre uno. Sentimientos tales producen luchas y divisiones, que son completamente contrarias a las enseñanzas de Jesús, pues él exhortaba a los hombres a que se amaran unos a otros y vivieran unidos (ver Juan 15: 12; 17: 22; 1 Juan 3: 23). La envidia o los celos es, de todos los defectos humanos, uno de los más crueles y despreciables (ver Prov. 27: 4; Cant. 8: 6). Lucifer, el glorioso ángel que tenía el privilegio de ser uno de los querubines protectores que estaban cerca del trono de Dios, fue vencido por la envidia y perdió su elevada dignidad (ver Isa. 14: 12-15; Eze. 28: 14-15). Desde que cayó ha procurado implantar el terrible defecto de la envidia en el corazón de cada ser humano para que todos se pierdan como se perdió él. Sólo el amor puede expulsar los celos. Pero el sentirse contento con lo que el Señor ha permitido que tengamos, no excluye que deseemos fervientemente los mejores dones y anhelemos ardientemente el "camino aun más excelente" del amor que se describe en este capítulo (ver 1 Cor. 12: 31).

NO ES JACTANCIOSO.
Gr. perperéuomai, "ser vanaglorioso", "jactarse". El amor no pregona sus propias alabanzas; es humilde, no trata de ensalzarse. Aquel en cuyo corazón se encuentra el verdadero amor, recuerda la vida y la muerte de Jesús, e instantáneamente rechaza cada pensamiento o sugestión que lo lleve a la justificación propia (ver PE 112-113). 

El amor que es un don del Espíritu considera cada virtud como procedente de Dios y concedida por él, y por lo tanto, no hay motivo 776 para la vana jactancia porque la posesión de todo don viene de Dios.

NO SE ENVANECE.
Gr. fusióÇ, "hincharse", "inflarse", metafóricamente "enorgullecerse". FusióÇ deriva fe fúsa, "bufidos". El amor no infla a una persona de vanidad; no produce engreimiento y ensalzamiento propios. Este vocablo indica el estado subjetivo de orgullo y de satisfacción propia que con tanta frecuencia son característicos de los que poseen un conocimiento superior y que son muy capaces (cf. cap.  8: 1). El amor no se complace en la autoestimación, la cual pretende tener los mejores dones, y tiende a la vanagloria. El amor no produce sentimientos de darse importancia, ni busca los halagos de otros por cualquier cosa que se haya logrado (ver 5T 124).

5. NO HACE NADA INDEBIDO.
Gr. asj'monéÇ, "actuar indecorosamente", " comportarse en forma deshonrosa". En la LXX  la palabra se usa con el significado de "estar desnudo" (ver Eze. 16: 7, 22; etc.). El amor nunca es descortés, rudo o tosco; nunca se conduce de tal manera que pueda herir la sensibilidad ajena. Cuando Cristo vivió en la tierra siempre tuvo en cuenta los sentimientos de los hombres y procedía con cortesía y corrección para todos (ver OE 127). 

Cada verdadero seguidor del Señor siempre será cortés y nunca responderá a los impulsos del corazón natural de volver la rudeza y aspereza con descortesía (ver OE 129). 

El amor siempre va en busca de lo que es correcto y decoroso en todas las relaciones de la vida, pues procura promover la felicidad ajena, y esto necesariamente induce a evitar todo lo que causaría una ofensa o impediría el verdadero gozo.
Aquí puede haber una ilusión a la conducta indebida de algunos de los corintios en el culto público y en relación con los banquetes paganos (ver 1 Cor. 8; 10-12; 11: 4-6, 20-22). Con amor el cristiano renuncia a sus opiniones, deseos y prácticas personales en bien de la tranquilidad, la conveniencia y la felicidad de otros.

El comportamiento correcto del amor  impide todo fanatismo y posición extremista que conduzcan a estallidos emotivos desenfrenados y deshonren la causa de Dios. Esta afirmación de que el amor nunca hace nada indebido demuestra que en todo momento está bajo el dominio de la razón, y por lo tanto no puede ser una emoción o sentimiento. Lo que pasa de ser una reacción de las emociones y sentimientos -falsamente llamada amor-, no actúa en forma razonable ni necesariamente tiene en cuenta los sentimientos y la sensibilidad de otros.

NO BUSCA LO SUYO.
Lo diametralmente opuesto a la naturaleza del verdadero amor es la búsqueda egoísta de la ventaja, la influencia o el honor de uno mismo como el único propósito de la vida (cf. cap. 10: 24, 33). Esta en todas las características del amor la más difícil de entender para el corazón no santificado. El ser humano se interesa en primer lugar en sí mismo y, con frecuencia, ese interés predomina sobre todos los demás; pero la forma de proceder de Cristo, la forma de proceder del amor, pone el yo en último lugar y a los otros primero (ver com. Mat. 5: 43-46; 7: 12). La naturaleza egoísta del hombre es una  prueba más de que el pecado a invertido completamente el orden divino en la experiencia de la humanidad, induciendo a los hombres a concentrar sus afectos e intereses en sí mismos (ver Jer. 17: 9; Rom. 7: 14-18, 20; 8: 5-8; Sant. 4: 4; com. Mat. 10: 39). El que está dominado por el amor desinteresado de Dios, se olvida del yo y está completamente dominado por el deseo de hacer la voluntad de Dios. Por eso está dispuesto a dar su vida en amante ministerio a favor de otros (ver Mat. 22: 37-39; Hech. 10: 38; OE 117; SC 138; 3JT 343). 

Jesús "anduvo haciendo bienes" (Hech. 10: 38). Esta afirmación demuestra claramente que nadie puede ser un verdadero cristiano, un verdadero seguidor de Cristo, si sólo vive para sí mismo o si su principal propósito en la vida es favorecer sus propios intereses. Cristiano es el que sigue a Cristo; es el que no tiene en cuenta las exigencias del corazón natural de dedicarse a sí mismo, y que está dispuesto a sacrificar su comodidad, su tiempo, su tranquilidad, sus recursos y sus talentos en favor del bienestar de la humanidad.

NO SE IRRITA.
El amor no se irrita; nada puede perturbar la ecuanimidad del perfecto amor y producir una manifestación de disgusto, impaciencia o ira (ver Sal. 119: 165; Heb. 12: 3; 1 Ped. 2: 23). Al cristiano que sabe que el yo, el corazón natural, se opone a la voluntad de Dios, pero se ha entregado al Señor y está muerto al pecado, nada puede irritarlo o disgustarlo. Sencillamente entrega todas las cosas en manos de Dios con la seguridad de que, no importa qué suceda, está bajo 777 el cuidado del ojo amante y atento de Aquel que rige todas las cosas para bien del que confíe en él (ver Rom. 6: 11; 8: 28; 1 Ped. 5: 6-7). Uno de los efectos más visibles de la conversión es el notable cambio que se ve en el carácter de una persona que era de disposición irritable, llena de resentimiento y fácil de airarse. Esas personas se tornan amables, bondadosas y tranquilas bajo la influencia del Espíritu Santo. Todos los esfuerzos de Satanás son infructuosos para hacer que se disgusten y den rienda suelta a su antiguo genio violento.

NO GUARDA RENCOR.
Literalmente "no toma en cuenta el mal" (BJ, BC). El texto griego daba la idea de no tomar en cuenta el mal que ha sido hecho; no computar, achacar o cargar el mal  a la cuenta de algún otro. Este es otro bello atributo cristiano del amor. Demuestra que el amor explica de la mejor manera posible el comportamiento de otros. El que está dominado por el amor no es severo, no está dispuesto a encontrar faltas en otros o atribuirles motivos equivocados.

6. NO SE GOZA DE LA INJUSTICIA.
El amor no se complace en ninguna suerte de injusticia, ya se trate de amigos o enemigos. La injusticia, que es pecado (1 Juan 5: 17), es completamente extraña a la naturaleza divina del amor. Por lo tanto, el que ama no puede no puede complacerse con nada que no esté en armonía con la voluntad de Dios. El amor no se regocija con los defectos de otros ni se alegra porque se haya descubierto que son culpables de algún mal. No se complace malignamente al escuchar la noticia de que alguien se ha equivocado (ver Prov. 10: 12; 11: 13; 17: 9; 1 Ped. 4: 8). El corazón inicuo se alegra cuando un enemigo cae en el pecado, o cuando un adversario comete una falta que lo perjudica; pero no sucede así con el amor, porque éste sigue el camino diametralmente opuesto y procura ayudar al enemigo cuando está en dificultades (ver Prov. 24: 17; 25: 21; Mat. 5: 44; Rom. 12: 20). Los que no están santificado por la verdad son los que se complacen en el mal proceder de otros (ver Rom. 1: 32; 12: 9).

VERDAD.
"Verdad" está aquí en contraste con "injusticia", y significa virtud, justicia, bondad. El amor no se complace en las faltas, sino en las virtudes de otros. el amor se interesa en el progreso de la verdad y en la felicidad del hombre. Por eso da gracias cada vez que es apoyada la causa de la verdad (ver Mar. 9: 35-40; Fil. 1: 14-18).

EL AMOR NO PUEDE ALEGRARSE con ninguna clase de pecado ni en el castigo que corresponde al pecador, pero si se complace en la liberación del hombre de los grillos del pecado, porque una liberación tal lo pone en armonía con la verdad y lo convierte en candidato para la felicidad del cielo para la cual fue creado (ver Eze. 18: 23, 32; 33: 11; Juan 8: 32; 17: 17; 1 Juan 4: 8; PVGM 233).

7. TODO LO SUFRE.
Gr. stégÇ, "cubrir", "proteger", "resistir", "soportar". "Todo lo excusa" (BJ, NC); "todo lo disimula" (BC). El amor oculta y calla cosas como las faltas de otros, que el egoísmo del corazón natural expondría alegremente. El amor no siente deseo de examinar las debilidades ajenas o de permitir que sean inspeccionadas por alguna otra persona.

TODO LO CREE.
Esta frase no significa que el que ama a sus prójimos es crédulo hasta el punto de creer cosas absurdas, sin discriminar entre los cierto y lo falso, quedando así expuesto a creer en una falsedad como si fuera algo cierto. Lo que el amor está dispuesto a hacer es de interpretar la conducta ajena de la mejor manera posible, adjudicando buenos motivos a otros. Esta es la actitud natural del amor porque procura hacer felices a otros. No cree cualquier cosa en perjuicios de ellos a menos que haya una evidencia irrefutable. El amor en relación con Dios cree sin preguntar todo lo que la voluntad divina le revela al hombre. No tiene dudas acerca de la palabra de Dios y de las instrucciones divinas; todo lo acepta y obedece con gratitud.

TODO LO ESPERA.
No importa cuán oscuras pueden ser las apariencias y cuántos motivos haya para poner en duda la sinceridad de otros, el amor continúa esperando que todo terminará bien, y mantiene esta posición hasta que desaparezca toda posibilidad de que así sea. Esta fe en el prójimo, inspirada por el amor, insta al individuo a ser un defensor de la causa ajena, aun frente a la oposición. El amor se basa en la confianza, y esta confianza descansa finalmente en Dios. Por eso el amor está dispuesto a hacer frente al ridículo, la lucha y el desprecio en defensa de otros, pues confía que a su debido tiempo será enaltecida la verdad.

TODO LO SOPORTA.
El amor soporta serenamente todas la dificultades, pruebas, persecuciones e injurias de origen humano, y todos los ataques que quizá Dios vea que es conveniente permitir que haga el adversario (ver Job 13: 15). 778 Esta afirmación acerca del amor demuestra la infinita paciencia que posee el que siempre está regido por el amor. Soporta pacientemente el extraño comportamiento de otros, quizá calculado para herirlo o molestarlo, pues ve en sus prójimos almas por las cuales murió Cristo, almas que son descarriadas por Satanás y, por lo tanto, deben ser compadecidas y ayudadas antes que condenadas o tratadas ásperamente. El amor, que es la perfecta expresión de la ley de Dios, obra consecuentemente para el mayor bien posible de otros y, por lo tanto, está preparado para considerar la conducta desfavorable e otros con una paciencia comprensiva y una simpatía inspirada por Dios. (ver Mat. 22: 37-40; Rom. 13: 10; 1 Juan 4: 7, 12, 16, 18, 20-21).

8. EL AMOR NUNCA DEJA DE SER.
Gr. ekpíptÇ, "caer de su lugar", "menguar", "perecer". "No acaba nunca" (BJ). La evidencia textual (cf. p. 10) establece la variante píptÇ, la forma simple del verbo. El amor genuino no cae como una hoja o una flor (ver San. 1: 11; 1 Ped. 1: 24). Cuando una flor a brindado su fragancia y belleza durante las horas de la luz solar, ha cumplido su propósito; luego, los vientos fríos y las heladas hacen que se marchite y caigan de la planta. No sucede así con el amor. El amor permanece inmutable, emanando su fragancia de fe, esperanza y seguridad a su alrededor, tanto en los días de tirantez y dificultad como cuando todo es brillante y hermoso. Así debe ser, pues el amor es el mismo fundamento de la ley, y la ley de Dios es eterna (ver Sal. 119: 160; Mat. 5: 17-18; Luc. 16: 17). Se pide a cada creyente que cultive este fruto del Espíritu. Puede estar seguro que no habrá ninguna vicisitud en la vida a la cual no sea capaz de hacer frente el amor. Puede dependerse siempre del amor para resolver todos los problemas.

PROFECÍAS.
El don de profecía fue dado por Dios para la conducción de la iglesia a través de los siglos (ver Sal. 77: 20; Ose. 12: 13; Apoc. 12: 17; 19: 10). Cuando ya no haya necesidad de esa conducción, es decir, cuando el pueblo de Dios llegue a su hogar celestial, las profecías cesarán.

SE ACABARÁN.
Gr. katargéÇ, "anular", "terminar", usado aquí en la forma pasiva, "ser llevadas a un fin".

CESARÁN.
Gr. páuÇ, "detenerse", "cesar".

LENGUAS.
Este don, como el de las profecías, que cumplió una función útil en la iglesia primitiva (ver Nota Adicional del cap. 14 ), ya no será necesario.

CIENCIA.
Gr. gnÇsis, "conocimiento". No el conocimiento en general, sino el don del conocimiento que capacita a los hombres para explicar clara y lógicamente la verdad a otros (ver com. cap. 12: 8). Pablo establece la superioridad del amor sobre los otros dones espirituales, que fueron útiles en la edificación de la iglesia, pero que no se necesitarán más cuando la iglesia reine triunfante en el reino de gloria.  6 CBA

02. EL AMOR ÁGAPE.


“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor…” 1 Cor. 13:1.

AMOR.
Gr. agáp', el "amor" en su sentido más sublime, que reconoce algo de valor en la persona o el objeto amado; amor que se basa en un principio y no en emociones; amor que proviene del respeto por las admirables cualidades del que es amado. Este amor es el que existe entre el Padre y Jesús (ver Juan 15: 10; 17: 26); es el amor redentor de la Divinidad por la humanidad perdida (ver Juan 15: 9; 1 Juan 3: 1; 4: 9, 16); es la cualidad especial que se demuestra en el trato mutuo de los cristianos (ver Juan 13: 34-35; 15: 12-14), y se practica para demostrar la relación del creyente con Dios (ver 1 Juan 2: 5; 4: 12; 5: 3). El amor a Dios se demuestra conformándose a su voluntad; ésta es la prueba del amor (ver 1 Juan 2: 4-5).

Mat. 5: 43-44.
La palabra "caridad" (BC, BJ, NC, RVA) no es lo suficientemente abarcante para indicar la amplitud del interés en el bienestar de otros, que se halla en el vocablo ágap'. "Caridad" podría sin duda implicar la idea o concepto que se reduce a una ayuda material. La palabra "amor" es muy superior; debe entenderse teniendo en cuenta todo lo que se dice de ella en este capítulo. Este "amor" (agáp') no debe confundirse con lo que a veces se llama "amor", sentimiento enfermizo y emocional que tiene su centro en el yo y en los deseos egoístas. Pero agáp' enfoca el interés y la preocupación en otros, y produce una conducta correcta. 6 CBA